Agobio: esa sensación a la que todos tememos en alguna situación de nuestra vida. Ansiedad o angustia que no te deja pensar o sentir con claridad. Quizás, cuando nos referimos a ella nos vienen a la cabeza situaciones de estrés en el trabajo o una persona que te acosa (no en el sentido psicópata) y que nos produce incomodidad. Además, para combatir el agobio todos pensamos que basta con unas buenas vacaciones que nos hagan desconectar y relajarnos, "olvidando" la rutina y todo aquello que nos perturba. Nada más lejos de la realidad.
El agobio es equiparable a la presión que ejercemos sobre nosotros mismos o que otros nos inculcan. En nuestro día a día está presente una preocupación, un problema más o menos grande que obstaculiza nuestro bienestar. Por ello, el estar de vacaciones no nos libra de nuestras inquietudes, aunque nos hace creer que las minimiza. Muchas veces, nos metemos nosotros mismos en ese tipo de dificultad y pretendemos llevarla hasta el final, o el agobio será constante. Pero cuando conseguimos pasar ese obstáculo, otro aparece seguido como un círculo vicioso en el que el ser humano siempre tiene algo de qué preocuparse.
El mantenernos ocupados produce una desconexión de un problema en concreto, pero nos sumerge en otro que, quizá, es de mayor calibre.
Siempre vamos a tener que convivir con ello y, la mayoría de veces, no nos daremos cuenta, pues estamos acostumbrados a sufrir ya que es parte de nosotros. Y, aunque la presión es una característica esencial del hombre, daría lo que fuese por poder entrar en una burbuja, metafóricamente hablando, y evadirme de todo aquello que de manera más o menos potente, empuja a mi actividad cerebral. Pero como ya he dicho, esto es sumamente difícil, y es mejor lidiar con la situación que hacerle frente; si ni puedes con tu enemigo, únete a él.
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